Incapaz de meter en cintura la maltrecha economía de , sale trasquilado de su aventura política

Su gran hito lo constituye la aprobación de una para luchar contra el

Arnold Schwarzenegger

Schwarzenegger es un gran defensor de las energías limpias.

Con su inconfundible mandíbula como enseña y una sonrisa más amable que la de sus célebres personajes de acción, irrumpió hace siete años en con la firme determinación de liquidar una era de errático liderazgo y devolver al Estado más rico y más poblado de EE UU su poderío perdido. A punto de acabar su ciclo, el ‘ se marcha con la cabeza más bien baja, doblegado por una que ha resultado ser más letal que cualquiera de sus malvados enemigos del celuloide.

Lo peor es que el público a quien esperaba seducir, cansado de las altas cifras de paro y de la gigantesca crisis presupuestaria, lo despide con un índice de aprobación del 22%, uno de los más bajos en la historia de California. El dato es de los que dejan huella, sobre todo si Schwarzenegger alberga alguna esperanza de continuar su carrera política a más alto nivel.

En cuanto a su legado, la mayoría de los analistas coinciden en que deja las cosas tan caóticas como estaban en tiempos del controvertido , con la tremenda losa que suponen unas cuentas públicas poco menos que inmanejables. «Su fracaso ha sido rotundo en asuntos clave. Por eso no sorprende que en esta haya tan poca gente válida dispuesta a lanzarse a la difícil tarea de gobernar», opina Marc Ambinder en la revista ‘The Atlantic’.

Pero sería muy simple e injusto atribuir los problemas actuales de California a la gestión de Schwarzenegger. Cuando la ambiciosa estrella del cine llegó al poder en 2003, el Estado había resultado especialmente golpeado por el súbito ‘crash’ que siguió al primer ‘boom’ de Internet. Aquella efímera burbuja ahondó el agujero presupuestario hasta alcanzar un récord de 20.000 millones de euros. Para complicar aún más las cosas, una desastrosa desregulación energética propiciada por la anterior Administración daba carta blanca a las eléctricas para cortar el suministro, lo que derivó en una sucesión de apagones masivos y que los precios de la luz se dispararan.

Su sonada victoria como lo había convertido en una celebridad nacional. Sin embargo, enseguida le resultaría complicado traducir la popularidad obtenida en las urnas en influencia sobre el entramado político de Sacramento. Sitiado por la oposición de los conservadores, la mayoría demócrata en las cámaras legislativas y los poderosos , fue incapaz de maniobrar para sacar adelante sus dos promesas fundamentales: reformar los disfuncionales sistemas político y presupuestario y recortar los sobre las pensiones que estaban en el corazón de los desequilibrios de las cuentas públicas.

Futuro en

Al final, Schwarzenegger decidió saltarse los estamentos legislativos en unas elecciones especiales en 2005 en las que pidió a los votantes el apoyo a sus propuestas mediante cuatro diferentes iniciativas. La derrota de todas ellas supuso el final de su ‘love affair’ con los electores y un golpe que minó de forma definitiva su capacidad para sacar al Estado del caos. Con todo, hace un par de semanas se las arregló para aprobar una reforma de las pensiones que posibilitará el ahorro de unos 72.000 millones de dólares en las próximas décadas. Pero quizás su gran hito lo constituye la aprobación de una ley para luchar contra el cambio climático que establece estrictos controles de emisión de gases a la vez que estimula el desarrollo de energías alternativas.

En cuanto a su futuro, todo apunta a que este austríaco nacionalizado estadounidense de 63 años volverá a reinventarse a sí mismo para continuar ampliando su legado. Icono de Hollywood, Schwarzenegger es un genuino ejemplo del sueño americano y, según algunos, haría un gran papel como aspirante a la presidencia de EE UU en 2012 si no fuera porque el cargo está vetado a todos los ciudadanos nacidos en el extranjero.

Frustrada esa vía, su carrera política podría encontrar acomodo a nivel federal, incluso al lado Barack . El protagonista de ‘’ es un republicano poco ortodoxo capaz de subir impuestos, casado con María Shriver, integrante del clan Kennedy, y ahora un valioso referente en la lucha contra el cambio climático. Haga lo que haga, muchos dan por hecho que Schwarzenegger se mantendrá activo como portavoz de las causas medioambientales.

Donde no le faltará trabajo es en la gran pantalla y es de prever que tras siete años con sus músculos discretamente ocultos, Schwarzenegger no dejará pasar la ocasión -ofertas no le faltan- de retomar su faceta de actor. Si bien en la política no se le echará de menos, en Hollywood vaticinan que tendría de nuevo el mundo a sus pies. En palabras del veterano publicista Bragman, «la gente aún adora a Arnold. Puede elegir lo que desee porque a estas alturas no tiene nada que demostrar».

Leído en: eldiariomontanes.es

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